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Carolina
Panesso Giraldo
12/04/18

La Importancia de la Regulación Emocional y Cognitiva para el Desarrollo de las Funciones Cognitivas Superiores

A lo largo de 9 años de experiencia en procesos de evaluación neuropsicológica infantil he observado numerosos casos de niños con dificultades en las Funciones Ejecutivas (FE); déficit de la autorregulación de impulsos emocionales y cognitivos, alteraciones en la capacidad atencional, dificultades en los procesos de empatía por baja teoría de la mente. La historia clínica reportada por los padres da cuenta de problemas de temperamento desde los primeros meses, alteración del ciclo sueño-vigilia, dificultades para calmarse posterior al llanto continuo y descontrol de impulsos manifestado como rabietas. En el seguimiento longitudinal de estos pacientes he constatado que estas dificultades de los primeros años conducen posteriormente a problemas conductuales en el preescolar y trastornos de aprendizaje en la enseñanza básica en la mayoría de los casos.

 

El continuo psicopatológico recién descrito parece iniciarse con déficits en la autorregulación, que a su vez tiene un sustrato en la maduración de la regulación fisiológica autonómica. La autorregulación ha suscitado amplio interés en el medio nacional en los últimos años, particularmente por el elevado índice de psicopatología en la primera infancia que existe en Chile.(1) Desde las neurociencias cognitivas, la capacidad de autorregulación permite modular y modificar respuestas –emocionales y/o cognitivas-, por demandas que surgen específicamente del entorno(2).  Por otra parte, desde la cognición social estos fenómenos han sido poco estudiados en primera infancia, pero sin duda tiene altos niveles de implicación en la formación de la Teoría de la Mente (ToM), el desarrollo de la habilidad empática y la interocepción.   Los esbozos de este proceso en el primer año de vida sugieren ser un marcador temprano de futuras alteraciones cognitivas y conductuales, aunque no es el único elemento causal.

 

Identificar estos marcadores permitiría intervenir tempranamente en actividades parentales favorecedoras de apego seguro, desarrollo de la mentalización y un clima emocional familiar que regule adecuadamente el estrés, contribuyendo así a reducir la elevada carga de enfermedad mental a lo largo de todo el ciclo vital por medio de intervenciones altamente costo-efectivas.

 

Actualmente existen investigaciones que describen cómo se presenta el proceso de regulación fisiológica y cómo éste pasa a convertirse en un proceso interno que apoya el control de procesos emocionales y cognitivos de manera adaptativa hasta constituirse en autorregulación.(3,4) Sin embargo no hay suficientes investigaciones sobre biomarcadores neurofisiológicos que permitan identificar sus alteraciones en etapas tempranas del desarrollo.

 

Algunos investigadores(5,6) proponen modelos donde el proceso de regulación autonómica del sistema nervioso central da paso a la modulación conductual.  Una vez que el niño logra hacer control de procesos inhibitorios automáticos (como la regulación de la respiración mientras succiona su biberón) emerge su habilidad para sentir estados internos(7), lo que está íntimamente ligado a la capacidad incipiente interoceptiva que le facilita interpretar claves contextuales para modificar su adaptación, contribuyendo con la homeostasis y la organización de sensaciones.

 

Estos procesos de regulación autonómica implican la participación del sistema sensorio-motor y sensorial, que a su vez inciden en el ciclo sueño vigilia y los periodos atencionales(8). Algunos autores(9) otorgan gran importancia a la habilidad de inhibir y auto-calmarse mediante estrategias que usa el niño, como tocarse diferentes partes del cuerpo y relajarse a través del chupeteo. Estas estrategias han sido relacionadas con la red de atención llamada alerta que incluye el sistema reticular ascendente, algunas estructuras talámicas y el locus coeruleus. Posteriormente la red de orientación que incluye el lóbulo parietal posterior, el colículo superior, mesencéfalo y núcleo pulvinar del tálamo le permite al niño seleccionar a través de las características de un estímulo su atención, por tanto, si un estímulo sensorial produce molestia entre los 5 a 6 meses de edad, él infante ya es capaz de orientar su atención fuera de ese estímulo y focalizar la misma en otro estímulo que genere placer.

 

Alrededor de los 9 a 12 meses la capacidad de autorregulación tiene mayor influencia gracias a la red ejecutiva, donde participan la corteza prefrontal dorsolateral, el cíngulo anterior y los ganglios basales.  Esta red facilita al niño la capacidad de alejarse del estímulo utilizando como estrategia autorregulatoria su sistema sensorio-motor. Por tanto déficits en el desarrollo de los sistemas sensoriales y motores conducen a fallas en la habilidad general de inhibición(10).

 

Otros autores(11,12) han planteado que la capacidad del bebé durante el primer año de organizar sus estados favorecería la estabilidad de sistemas como el atencional, lo que permitiría tener mayores periodos de interacción social y a su vez facilitaría el desarrollo de estrategias adaptativas ante estímulos estresantes. En esta línea se propone que, al integrarse la actividad voluntaria del bebé con el desarrollo de la regulación emocional y cognitiva, aparecerían los primeros esbozos de las FE, lo que reflejaría el esfuerzo por el control y la modulación, aspectos claves en la autorregulación(13).

 

La literatura otorga importancia al proceso de regulación fisiológico para dar paso con los meses al proceso de autorregulación(14), sin embargo es necesario destacar que la intervención oportuna sobre el neurodesarrollo considerando la psicomotricidad del niño, el vinculo de apego seguro que pueda favorecer con su madre y cuidadores, el desarrollo socioemocional y el entorno bien tratante influyen en este proceso de autoregulación, lo que impacta positivamente en el futuro de las funciones cognitivas superiores como lo son la atención, la curva de aprendizaje, el lenguaje, los sistemas de memoria y las habilidades de la Función Ejecutiva.

 

 

Bibliografía

  1. Rescorla L A, Achenbach T M, Ivanova M Y,  et al. Behavioural and emotional problems reported by parents of children ages 6 to 16 in 31 societies. J. Emot. Behav. Disord. 15, 130–42. (2007).
  2. Rothbart, M. K., Ellis, L. K., Rueda, M. R. & Posner, M. I. Developing Mechanisms of Temperamental Effortful Control. J. Pers. 71, 1113–1143 (2003).
  3. Eisenberg, N. & Spinrad, T. L. Emotion-related Regulation : Sharpening the definition. Child Dev. 75, 334–339 (2004).
  4. Berger, A., Kofman, O., Livneh, U. & Henik, A. Multidisciplinary perspectives on attention and the development of self-regulation. Prog. Neurobiol. 82, 256–286 (2007).
  5. Porges, S. & Furman, S. The Early Development of the autonomic nervous system provides a neural platform for social behaviour: a polyvagal persective. Infant Child Dev. 3, 3–5 (2006).
  6. Wilson, G. A Review of ‘The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self Regulation’. J. Couple Relatsh. Ther. 11, 347–348 (2012).
  7. Kopp, C. B. Antecedents of self-regulation: A developmental perspective. Dev. Psychol. 18, 199–214 (1982).
  8. Georgiou, E. et al. Interaction of physical activity and interoception in children. Front. Psychol. 6, 1–8 (2015).
  9. Brazelton, B., & Nugetnt, J. K. Neonatal Behavioral Assessment Scale. Cambridge Univ. Press. (1995).
  10. Aldrete Cortez, V., Carrillo Mora, P., Mansilla Olivares, A., Schnaas, L. & Esquivel y Ancona, M. F. De la regulación emocional y cognitiva a la autorregulación en el primer año de vida. Anu. Psicol. 44, 199–212 (2014).
  11. Als, H. Toward a synactive theory of developmental promise for assessment and support of infant individuality. Infant Ment. Heal. Journal, 3(4), 229–243. (1982).
  12. Geva, R., & Feldman, R. A neurobiological model for the effects of early brainstem functioning on the development of behavior and emotion regulation in infants: Implications for prenatal and perinatal risk. J. Child Psychol. Psychiatry, 49 (l10), 1031–1041. (2008).
  13. Henderson, H. A. Wachs, T. D. Temperament theory and the cognition-emotion: interaction across development. Dev. Rev. 27, 396–427. (2007).
  14. Clark, C. A. C., Woodward, L. J., Horwood, J. & Moor, S. Development of Emotional and Behavioral Regulation in Children Born Extremely Preterm and Very Preterm : Biological and Social Influences Wiley InterScience :: JOURNALS :: Child Development. Child Dev. 79, 1444–1462 (2008).